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La Bahía de Chesapeake es el estuario más grande de los Estados Unidos y un complejo ecosistema que incluye hábitats importantes y redes alimentarias. La bahía y sus ríos, humedales y bosques proveen hogar y alimento a muchas especies de plantas y animales y hasta aquí llegan los peces en su larga migración por la costa oeste.

Pero no solamente vegetales y animales viven aquí; precisamente en el centro de la Bahía de Chesapeake, a apenas 12 Km. de Crisfield, Maryland, hay una isla cuya vida y la de sus habitantes parece detenida en el tiempo: la isla de Tanger.

Por cientos de años, sus habitantes que actualmente son poco más de quinientos y se mueven por la isla a pie, en carros de golf o en bicicleta, han vivido de la cosecha de cangrejos y ostras de la bahía, como por ejemplo el cangrejo azul, indudable protagonista y hasta sinónimo de Chesapeake. Los cangrejos azules son una especie clave en la cadena alimentaria de la Bahía, su nombre científico es Callinectes sapidus y más allá de su belleza, es un animalito agresivo y predador y la estrella de la pesca comercial y recreativa de la bahía.

Ningún puente une la isla con el continente; solamente un barco de correos que llega todos los días llevando y trayendo gente y suministros. Los habitantes de Tanger tienen un acento característico que es fácilmente reconocible y además una jerga particular que casi justificaría un Diccionario de Tanger, y casi todo el mundo se conoce por un colorido apodo relacionado con sus gustos o costumbres.

Sin embargo el crecimiento urbano en los alrededores, como los diecisiete millones de personas que viven a lo largo de las doscientas millas de la Bahía, que abarca seis estados y ciudades tan importantes como Baltimore, Washington o Richmond, se está transformando en una amenaza para la supervivencia de las especies de ostras y cangrejos que por siglos han sido la forma de supervivencia de los habitantes de Tanger y su estilo de vida.

Pero por otra parte la isla está viviendo una nueva etapa a partir de la creación de un pequeño aeropuerto, estimulando la llegada de turistas en barco o en avión. Si la idea es quedarse, hay varias posadas y lugares para dormir y desayunar, y los restaurantes frente al mar ofrecen el tradicional pastel de cangrejo. El Museo Histórico de la isla registró trece mil visitantes en el último año; hay visitas guiadas por la isla en carros de golf y también los lugareños pueden llevar a los visitantes en sus botes para conocer el estilo de vida de la isla.

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